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María Calvo Charro

Profesora titular de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III

España

El privilegio de ser un hijo “no deseado”

El texto subraya la diferencia fundamental entre el deseo y el amor. El deseo es centrípeto, enfocado en uno mismo, autorreferencial y narcisista, produciendo un placer efímero e inconsistente. El amor, en cambio, es centrífugo, consiste en dar, pensar en el otro antes que, en uno mismo, y genera una sensación sólida de plenitud y felicidad. El deseo, como afirma Recalcati, tiene una característica nihilista que nos lleva de un objeto a otro sin satisfacción duradera.